Evidentemente, Puerto Rico vive un nuevo estado de normalidad. Aunque en la mayor parte de la isla los residentes han regresado a sus rutinas de antes del huracán, todavía hay comunidades que sufren por la falta de acceso a utilidades básicas como electricidad y agua potable. Peor aún; nos enfrentamos a una nueva temporada de huracanes con una infraestructura frágil en una economía todavía más débil.